Yo solo sé que no lo sé
todo, ignoro mucho más de lo que sé, pero también sé que lo poco que sé, lo sé
porque me lo trabajé y me da para saber discernir la verdad del cuento. Es
importante saber distinguir, la bondad de la maldad, la hipocresía de la sinceridad,
la intencionalidad de la involuntariedad, la casualidad de la previsión.
En política nada se produce por casualidad, está
de moda decir que estamos desencantados con la política y los políticos, una
parte del desencanto no es justo, hay personas muy validas que van a la
política con nobles intenciones y que son hostigados desde plataformas de
información sibilinamente manipuladas para que en nuestro subconsciente se fije
una forma errónea de prejuzgar a los que van a defender nuestros intereses. No
importa que personas de comportamiento altruista nos ayuden a salvaguardar
nuestros derechos, desde esas plataformas nos instigarán para convencernos de
que los políticos son todos iguales, que la corrupción es innata a todos ellos
y que no nos merece la pena ir a votar. Es aquí cuando hay que advertir que si
no haces política para luchar por tus derechos, alguien siempre la hará en tu
contra, con toda clase de artimañas y aranas para que otros se
beneficien a tu cuenta, y no son precisamente los más necesitados.
Siempre son aquellos que todos sabemos, elementos que
viven del cuento, gentes que se meten con descaro en la política para vivir de
ella, gente que sobrevive sin saber lo que es el trabajo y que con todo el
desparpajo te dicen que no te esfuerzas lo suficiente, gente que hace del
favoritismo su modo de vida, agarrándose a supuestas oportunidades que les da
la vida, que no son más que privilegios por cuestión de cuna y no conformes con
todo esto aún quieren más, mucho más y el esfuerzo que lo hagan los demás,
verdad Ayuso?

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