sábado, 5 de octubre de 2024

JUBILADO ESTOY, SOY O NO SOY...VOY






             Jubilado como estoy y viviendo en Vigo, el verano lo paso en mi casa, porque a tiro de piedra de ella se encuentra el paraíso. El enclave es de lo mejor que la naturaleza ha creado y además el evidente cambio climático nos ha favorecido.







     Entre el río Miño y la ría de Vigo se encuentra un territorio que, a pesar de su maltrato por su desarrollo nada bien planificado, es de una hermosura que deja boquiabierto a todo aquel visitante que llega por primera, segunda o tercera vez a este lugar aún no masificado. Este lugar en su conjunto es paradisíaco, por tener lo tiene todo y al alcance de la mano, en 20 o 30 km a la redonda y cogiendo dirección norte, sur, este y oeste siempre encontrarás algo que merezca la pena visitar, si te animas ha ampliar el círculo hasta los 40 o 50 km tus expectativas crecerán aún más. Por tierra, mar y aire, si vas con la mente abierta lo que puedes ver te sorprenderá, ni por un momento te puedes imaginar lo que te puedes encontrar; desde mares, si digo bien mares: mar oceánico bravo (costa de Baiona a La Guardia), mar de ría (costa interior playera), mar de lago (costa muy interior), todos ellos engalanados por islas como Las Cies, Toralla y San Simón.





     Punto y aparte merece la mención a las Islas Cies, un lugar muy especial y espectacular. Su tamaño no es muy grande pero si lo suficiente para que su recuerdo sea imposible de borrar, dos tipos de mar las rodean, uno bravo, grandioso e impetuoso y otro calmo, sereno y hermoso. La costa del primero es bestial, los acantilados graníticos cortados en perpendicular son castigados una y otra vez por la impetuosidad de las olas del Océano  Atlántico reventando con desaforo y convirtiendo esa fuerza natural en un estruendo sinfónico que al romper origina un espectáculo donde millones de partículas acuosas se desprenden dando lugar a una amalgama de sonidos, olores y colores que si tienes sensibilidad (y si no también) para siempre en tu memoria quedarán. El otro mar, más calmado y sereno no está falto de rotundidad y hermosura. Por la cara interior de las islas del Faro y Monteagudo una impresionante lengua de arena, da forma a la playa de Rodas, una de las playas más bonitas del mundo, que ha mayores da forma a un lago de agua salada que enlaza una isla con la otra en una simbiosis perfecta. Este lago es como un gigantesco acuario donde conviven diferentes especies de peces, que gracias a sus limpias y trasparentes aguas puedes admirar.






     Dejando ya tan especial lugar las colinas que rodean la ciudad nos ofrecen vistas y paisajes muy peculiares, bosques de todas clases cubren senderos que se entrelazan, entre las hojas de los árboles el sol lanza destellos que iluminan y envían ramalazos de claridad,  que rompen las sombras del camino y sonidos ancestrales mezclados con el crujir de nuestras pisadas nos llevan a lugares donde nacen manantiales, el discurrir de las aguas rumorean buscando alimentar el caudal del río, el rumor se convierte en alegría saltarina que burbujea entre piedras hasta que se precipita por la falla en forma de cascada. Un atronador y musical sonido entra por nuestros oídos. Lugares similares al anteriormente descrito abundan a raudales.








     Por el Este, el río Miño desde Tuy hasta La Guardia discurre separando Portugal que aún tiro de piedra está y que también se merece visitar. La desembocadura del río es de visita obligada y desde el monte Tecla sus vistas te sorprenderán, nuestros ancestros conocían y amaban este lugar y su huella plasmada está.


     Celtas procedentes de la Europa central hace unos cinco mil años se asentaron formando castros desparramados por todo este lugar, los anteriores habitantes, que los había, eran los ostreminios que se fueron al exterminio y cuando no se reintegraron con los nuevos pobladores. Durante siglos vivieron tranquilos con espaciadas visitas de comerciantes fenicios que con sus barcos hacían paradas para repostar agua y alimentos a cambio de armas de bronce que los celtas desde entonces utilizarán, continuaban su navegación hasta Cournalles (Inglaterra) donde el estaño que necesitaban allí encontraban y de regreso de nuevo paraban, altares fenicios en diversos lugares de la costa dejaron huella de su paso e incluso naves fenicias quedaron gravadas en piedra por los lugareños que comerciaron con ellos.









     En el año 137 AC el Sacro Imperio Romano se extiende por la península Ibérica y la conquista llega hasta estos lares y ha pesar de la feroz resistencia de los lugareños y del pueblo Herminio huido desde tierras de la antigua Lusitania allende del río Miño, el general romano Decimo Junio Bruto tuvo que intervenir atravesando en cabeza el río Lete (río del olvido) pero no fue quien de derrotarlos y tuvo que ser el mismísimo Julio Cesar en Agosto del año 60 A.C. quien encabezó un ejército que por fin finalizó la conquista de estas tierras, llegando hasta Vigo y en la playa de Samil acampar para desde allí navegar en balsas hasta las Islas Cíes y los restos del ejército herminio y galáico junto ha otros guerreros celtas capturar. Derrotados, capturados y no exterminados los pueblos celtas en el Sacro Imperio Romano reintegrados quedaron.


                                                                                   


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         Parece que me he enrollado, pero no, solo me he explicado para saber quiénes somos, de donde venimos y hacia donde parece que vamos, y en mi caso particular, si soy o no soy lo que si sé es hacia donde voy.


    

  


 



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