Hijo de una mujer enferma y trastornada, y de un pobre desgraciado al que sin ayuda de ningún tipo los acontecimientos le sobrepasaron, pues en plena dictadura si te tocaba una desgracia te aguantabas. Así empezó su vida aquel niño que inocente no se imaginaba el infierno al que estaba abocado, cuando su uso de razón apareció la inocencia de repente voló, vio a su alrededor y cuenta se dio que lo que le rodeaba no le gustaba pero que tampoco podía hacer nada. Crecer sin guía y de cualquier manera era su destino, nada ni nadie iba ha ayudarle, lamentarse no le serviría, cierta preocupación tenía, se daba cuenta que los niños de su edad eran amparados, conducidos y educados, aparte de queridos, amados y si fuera necesario reprendidos y reconducidos. Algo que con él no sucedía, era como un verso suelto y andaba a su libre albedrío, si iba a la escuela bien y si no también, si comía o no comía, si se lavaba o no se aseaba a nadie le importaba, desaliñado, mal alimentado e incluso pasando hambre y siendo maltratado, así trascurría su niñez año a año y el retraso en su formación ya era generalizado, para más desgracia su pubertad adelantada, a los doce años ya se afeitaba, le marcó y acentuó aún más aquel retraso con los niños de su edad, de los siete a los doce años vivió solo con su madre postrada enferma en la cama. Acomplejado empezaba a estar, vale que su entereza y fuerza mental le evitó entrar en depresión, vivió un infierno en el infierno, y aún así todo fue a peor, de los doce años a los veinte que se casó, a su alrededor todo se desmoronó, su madre enferma y encamada por la corea, sus dos hermanas con la corea heredada enfermas y trastornadas, un padre al que los acontecimientos superaban y maltrataban, con poca inteligencia y preparación para hacer frente a la situación se hace cargo de dos ancianas, su madre y su suegra, y las pone a dormir en una habitación junto a sus hijas enfermas y mientras tanto yo, "privilegiado", solo en mi habitación. No hay que tener mucha imaginación para comprender el infierno en que se convirtió aquel miserable piso donde llegaron a convivir dos ancianas, tres enfermas de corea, mi padre y yo.




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