lunes, 7 de octubre de 2024

INFIERNO

 

                   Hijo de una mujer enferma y trastornada, y de un pobre desgraciado al que sin ayuda de ningún tipo los acontecimientos  le sobrepasaron, pues en plena dictadura si te tocaba una desgracia te aguantabas. Así empezó su vida aquel niño que inocente no se imaginaba el infierno al que estaba abocado, cuando su uso de razón apareció la inocencia de repente voló, vio a su alrededor y cuenta se dio que lo que le rodeaba no le gustaba pero que tampoco podía hacer nada. Crecer sin guía y de cualquier manera era su destino, nada ni nadie iba ha ayudarle, lamentarse no le serviría, cierta preocupación tenía, se daba cuenta que los niños de su edad eran amparados, conducidos y educados, aparte de queridos, amados y si fuera necesario reprendidos y reconducidos. Algo que con él no sucedía, era como un verso suelto y andaba a su libre albedrío, si iba a la escuela bien y si no también, si comía o no comía, si se lavaba o no se aseaba a nadie le importaba, desaliñado, mal alimentado e incluso pasando hambre y siendo maltratado, así trascurría su niñez año a año y el retraso en su formación ya era generalizado, para más desgracia su pubertad adelantada, a los doce años ya se afeitaba, le marcó y acentuó aún más aquel retraso con los niños de su edad, de los siete a los doce años vivió solo con su madre postrada enferma en la cama. Acomplejado empezaba a estar, vale que su entereza y fuerza mental le evitó entrar en depresión, vivió un infierno en el infierno, y aún así todo fue a peor, de los doce años a los veinte que se casó, a su alrededor todo se desmoronó, su madre enferma y encamada por la corea, sus dos hermanas con la corea heredada enfermas y trastornadas, un padre al que los acontecimientos superaban y maltrataban, con poca inteligencia y preparación para hacer frente a la situación se hace cargo de dos ancianas, su madre y su suegra, y las pone a dormir en una habitación junto a sus hijas enfermas y mientras tanto yo, "privilegiado", solo en mi habitación. No hay que tener mucha imaginación para comprender el infierno en que se convirtió aquel miserable piso donde llegaron a convivir dos ancianas, tres enfermas de corea, mi padre y yo.




                    Con más fuerza de voluntad que motivación intenté algo aprender, sin preparación, casi analfabeto llegué a mi pubertad, pronto me di cuenta que no estaba a la altura de mis iguales que me empezaron a discriminar, tuve que empezar a los catorce a trabajar y el bachillerato nocturno estudiar. El sacrificio para un niño de esa edad "con catorce, quince y dieciséis un niño se puede ser", fue muy duro de roer, ingreso, primero y segundo de bachiller finalicé, pero en tercero abandoné. Como la cabra siempre tira al monte a los diecisiete empecé de fiesta en fiesta, para olvidar la situación, hasta que a los veinte con Esther me casé y a partir de ahí otra entrelazada historia, con más luces que sombras, pero aún muy dura comencé.



                      Yo se que soy un superviviente porque tuve todas las papeletas para ser un delincuente. Yo fui un rebelde y lo sigo siendo porque el mundo y las circunstancias me hicieron ser así y si no acabé mal es porque sorprendentemente siempre fui muy cabal.


               Una vez que me casé y fui padre el ambiente que rodeaba mi vida cambió, por fin la normalidad y la estabilidad empezaban a imperar y fue mi tabla de salvación, con alguna ayuda de mis suegros comencé una vida nueva en un ambiente más sano.



                       De aquella en España aún mandaba el dictador, trabajé en Flex con nómina y alta en la SS por un salario que no alcanzaba para mantenerme a mi y a mi familia, los sábados hacia descarga de camiones para complementar el salario de hambre que me daban, cuarenta y ocho horas de jornada semanal, hasta que me despidieron porque la dictadura franquista me envió a África a cumplir el servicio militar. No les importó el que estuviera casado y con hijos, por año y medio me mandaron a Ceuta sin ingresos de ningún tipo, después con el tiempo me entero, que la empresa para la que trabajé, Flex no había cotizado ningún día por mi y mis nóminas las falsificó. Con mucha rabia y desdén (no perdono ni olvido) recuerdo como la odiosa dictadura franquista me jodió y me robó y aún hay quien quiere que gobierne los franquistas del PPVOX. 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

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