Algunos no son tan buenos como creen ser, aunque se
esfuerzan por aparentar ser seres de una honradez encomiable, sin ser mala
gente no son mejores que la media. Cuando no hay dinero e interés interesante
por medio todos más o menos somos buenos. La honradez, como el valor en la
antigua mili se le supone, comprobarlo si no hay necesidad, huelga. Por eso de
valientes y honrados está el mundo lleno hasta que ocurre el echo en sí, que
convierte el encomio en vituperio.
Está divagación muchas veces me acompaña, sobre todo
cuando alguien me insiste en que la mayoría de nosotros somos seres
encomiables. A mí, que ya tengo una edad y he vivido un montón de experiencias
no me parece que sea digna de encomio la mayoría, el encomio, a mí parecer, es
cuestión muy selecta y minoritaria, en cambio el vituperio es mayoría porque es
la opción fácil y cómoda para facilitar entre otras cosas el arribismo de los
trepas que son mayoritarios en esta sociedad.
Trepas o arribistas, arribistas o trepas la
misma cosa es, mienten con descaro y al menor descuido te la meten doblada,
aparentan ser gente maravillosa y sin rascar demasiado demuestran ser unos
sinvergüenzas que están a la que cae sin importarles el daño causado. Aunque a
veces son tan inteligentes que no llegan a ser conscientes de sus pertinentes
maldades arruinando la vida de terceros que tendrían, por justicia, estar de
primeros.


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