Siempre he sido de decir la verdad tal y como yo la siento y eso me ha traido más problemas que beneficios. Se lo que es la hipocresía y la distingo perfectamente de la ignorancia, a la que comprendo, sobre todo en aquellos que no han tenido la oportunidad de aprender para entender más y mejor lo que nos llega, sobre todo la maldad tergiversada desde la mala fe.
Lo siento, sobre todo por los políticos valientes (Puente, Iglesias, etc) que les ha tocado enfrentar situaciones, a veces delirantes y a veces poco edificantes. El interés del poderoso es como el abrazo del oso, tienen los medios y el poder para que la difamación imponga una aniquilación.
Yo se que no soy una de esas personas que mejoran el lugar por donde transito, lo intento pero quizá me falta el talento, por eso envidio y admiro a aquellos que mediante el don de la palabra se expresan de una manera, que sin ofender a nadie, a todos reconforta y ayuda en su cantinela. Lo que me cuesta comprender es la estupidez de creer en propagandistas a los que se les ve la mala intención al faltar a la verdad ya de lejos. Por muy bien implantados que estén, están para ayudar mediante el sofisticado engaño, a aquel que les paga, porque si no hubiese pasta por el medio no se arriesgarían al ridículo de su libelo.
























