Es como el descuernacabras que cuando sopla todo
lo enfría y deja al país titiritando. Por desgracia en este maravilloso país
que es España tenemos descuernacabras por todos lados, que nos dejan tiritando
como una gota fría de incredulidad por la estupefacción con la que nos dejan
cuando nos cuentan un cuento desconectado de la realidad.
La irresponsabilidad es manifiesta cuando niegan lo
que acaban de afirmar, no importa que lo dicho este grabado y documentado,
echan balones fuera sin parar. Una calamidad así es inevitable pero las
consecuencias, si se actúa con diligencia, son minorables sobre todo en el
apartado de las vidas humanas, que dentro de la desgracia siempre deben ser lo
más importante. Una alerta a destiempo se ha convertido en una trampa mortal
para cientos de personas que hubieran salvado su vida si no hubieran salido para ir de compras y ha trabajar. Si quien actuó mal, lo
hiciese conforme al sentido común, y no conforme a la salvaguarda de los
intereses económicos de unos empresarios, a los que se les hizo mas caso que a los
científicos que ya habían avisado con tiempo suficiente para poner esas vidas a
salvo.
En este caso, como en otros muchos, la defensa del interés
empresarial quedó por encima del interés de la vida humana. Yo no sé ni puedo
probar la presión directa e indirecta, que seguramente ejercieron sobre la
Generalitat Valenciana, pero no es difícil de imaginar lo que los
"descuernacabras" de los empresarios apretaron a Mazón y compañía para que ignorara los
avisos de la Aemet y se descontrolara en forma de muertes evitables esta calamidad.



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