jueves, 31 de enero de 2013

Relatos de un pescador afortunado: ENTRE MINGAS Y FELPUDOS


ENTRE MINGAS Y FELPUDOS
01-05-95
   
     Aquel día hacía un tiempo espléndido con una temperatura veraniega, todo invitaba a salir y estar en contacto con la naturaleza. Así que esa tarde la reservé para mi afición favorita. 

     Decidí ir a Sayanes, pero no a la playa, sino a una ensenada rocosa que está situada a continuación antes del Portiño. Cuando conseguí aparcar en la bajada a la playa, esta estaba muy concurrida y llena de bañistas, no me importó pues ya contaba con ello, tenía muy claro la zona que quería visitar. El día anterior cerca del anochecer había estado allí un rato, probé y señalé una pieza que pasaba de los dos quilos, ya con una altura de la marea nada proclive para la pesca, pero lo que más me animó a repetir y volver al día siguiente, fue lo que descubrí en una poza que el mar alcanzaba y llenaba de agua con las mareas vivas, algo que había sucedido unos días antes; estaban esperando a la siguiente marea viva que los liberara, unos inquilinos que despertaron mi interés. Algo más de una docena de pequeños múgeles (lisas), nadaban en grupo de un lado a otro de la poza, me pregunté el motivo que había llevado a aquellos anímales a aislarse así, ese comportamiento sólo se explicaba si eran atacados para se engullidos por depredadores, como lubinas de buen tamaño.

     Para no desentonar me puse un bañador, una camiseta y unos tenis viejos, eché la bolsa de pesca al hombro y con la caña en la mano me encaminé hacia la postura. Tenía que caminar unos quince minutos, saltando varias rocas hasta llegar a ella, la caminata resultó más amena de lo que esperaba, el sol calentaba los cuerpos desnudos de un grupo de jóvenes de ambos sexos, estaban en una pequeña cala  después de pasar las primeras rocas, continué desplazándome por una zona de piedras muy cerca de la rompiente. La afición a tomar el sol completamente desnudos al parecer estaba mas extendida que la de la pesca, prácticamente en cada roca grande y lisa de aquella zona había una pareja “calentándose” al sol, bueno yo iba a lo mío y no había otro acceso, cuando llegué a mi destino me concentré en lo que allí me había llevado, que no era otra cosa, que el ejercicio de mi gran afición.

     El mar trabajaba revolviendo el fondo, removía los cantos redondos que chocaban unos contra otros, el ruido era fuerte pero relajante, seguramente porque era acompasado, nada estridente. El “rapala”, aparte de su limitado alcance, no me ofrecía confianza, pues el mar llegaba muy revuelto, haciendo muy difícil su control, finalmente me decidí por la cucharilla Evy, que se defendía bien en aquellas condiciones. Desde lo alto de una roca que avanzaba unos metros hacia el interior de la ensenada, comencé a “varear en abanico”, cubriendo toda la zona de derecha a izquierda, y creo recordar, que al tercer lance cuando venía recogiendo a medio camino una potente picada consiguió ponerme en tensión. El sedal salía suavemente de la bobina amortiguando el primer escarceo del animal, cansarlo y trabajarlo en aquella zona era fácil, no había obstáculos y el mar me ayudaba empujándolo hacia tierra, lo guié por mí derecha, donde moría el mar en un pequeño playal de arena gruesa. Una pareja tomaba allí el sol en las condiciones antes relatadas, se acercaron sin pudor de ninguna clase, preguntando que clase de pescado era. Entre la “minga y el felpudo”, me vi maniobrando con la lubina. ¡Era de película! la situación era rocambolesca, kafkiana. Puse la lubina en la poza y por lo visto era un espectáculo, pero lo que era espectacular era la escena que se desarrollaba a mí espalda, era de coña los dos en pelota picada, jugando con la lubina de unos tres quilos que nadaba de un lado a otro entremezclándose con los pequeños mújeles. Pasando del tema continué con lo mío, seguí “vareando” y después de una media hora intentándolo y no sentir nada, cambié de señuelo, recuerdo que “monté un chivo” que me permitía lanzar más lejos que la cucharilla, consiguiendo sobrepasar una especie de barrera pedregosa, por donde remontaba el mar, rompiendo a continuación en un fondón, donde este hervía, en una de estas, cuando el señuelo llegó deslizándose por encima de la barrera, paré un instante con el propósito de hundirlo un poco y arrancar de nuevo, y fue cuando sentí otra vez una bestial picada. El carrete volvió a “cantar”, el animal tiraba como un condenado, luchaba de una forma endemoniada, resistiéndose ferozmente, estuve un rato aguantando sus arreones, el frente hasta mi posición prácticamente estaba libre, alguna piedra asomaba con la resaca de las olas, así que sin mayor novedad fui acercando al animal, varándolo esta vez por la izquierda de la roca, recuerdo que al agacharme para cogerlo, el mar me mojó hasta la cabeza, era lo de menos, tenía dos enormes piezas de tres y casi cuatro quilos de peso, cada una, era para estar contento.

     Seguí intentándolo un rato más pero al no conseguir ningún resultado, el agotamiento ya hacía mella en mí, optando por retirarme a pesar de quedar por lo menos una hora más de pesca, me encontraba saturado, pues el “vareo” con señuelos pesados como los “chivos” resulta agotador. Ah ¡por las “mingas y felpudos” no me desconcentré, pues yo mismo durante años practiqué nudismo en la playa de Barra!

miércoles, 30 de enero de 2013

CORRUPCIÓN, CORRUPCIÓN Y MÁS CORRUPCIÓN

     Los seres más mezquinos paradogicamente campan a sus anchas dentro de la democracia, sin que la ética política que se basa en valores como la justicia, el respeto, el servicio a los demás, la responsabilidad, la honradez, la imparcialidad, la profesionalidad y la transparencia, hagan mella en su conciencia. El negocio fraudulento, el robo, el expolio, la mentira, la hipocresía, la irresponsabilidad y la opacidad por desgracia, durante los años de la democracia fueron el pan nuestro de cada día: "ministros, diputados, senadores; presidentes, consejeros y diputados de comunidades autónomas; alcaldes y concejales; presidentes de diputaciones, altos cargos de partidos políticos, presidentes del Banco de España, directores generales de la Guardia Civil, delegados de Hacienda y de Aduanas, comisarios de policía, generales, coroneles y teniente coroneles, números de la benemérita, agentes de la policía nacional, autonómica y local, administradores de museos y fundaciones, presidentes de patronatos, directivos de equipos de fútbol, atletas, ciclistas, presidentes de federaciones deportivas, obispos, ecónomos, sacerdotes. Hasta famosos jueces e insignes miembros del Consejo del poder judicial acabaron en la cárcel o fueron separados de sus funciones. Las apropiaciones de fondos públicos se realizaron en todas partes, incluso en lugares que a priori costaba relacionar con actividades delictivas, como el Teatro Liceo de Barcelona y el Boletín  Oficial del Estado, La casa real y el Presidente del Consejo General del Poder Judicial" y ahora por último (de momento) el caso Bárcenas, el caso Puyol y familia, el caso Baltar, las eléctricas y sus puertas giratorias, los eres, Bankia, tarjetas black, preferentes, rescate bancario, Urgandarín, Rato, Monago, el caso Gurtell, Granados, Camps, Matas, Pantojas, Giles y Julianes, Diaz Ferranes, tranquilo Luís se fuerte, ordenadores destruidos, Genova restaurada en B, Palma Arena, operaciones púnicas, tejemanejes malayos  y ..... lo que te rondará morena.

       La punta del iceberg asoma y crece, cada vez vemos más y más corrupción y cuando pensamos que ya no queda más que ver, se descubre que debajo de la apariencia está sumergido un absceso purulento que todo lo infecta, corrompiendo a las más altas instancias del poder político del Estado. Como consecuencia de todo esto la desconfianza y la indignación crece y crece y ellos nos dicen que no es lo que parece.

NOTA. El párrafo entrecomillado pertenece a Inventario de Perplejidades de José Manuel Ponte, publicado en Faro de Vigo el 14/11/2011. El artículo original está disponible aquí.

martes, 29 de enero de 2013

Relatos de un pescador afortunado: VORÁGINE EN SAMIL


VORAGINE EN SAMIL
1-11-1994
                                                                                                                                                                                             
     Durante todo el mes de octubre, noviembre y hasta principios de diciembre de aquel glorioso año de l994, siempre que el mar reunía las condiciones adecuadas, siempre pescabas, con el transcurso de los años no volví a ver nada igual, tampoco el mar volvió a tener el mismo comportamiento, entiendo que a partir de ahí empezó un cambio a peor, que con el paso de los años se acentuó. Esta observación es compartida por la mayoría de los pescadores más veteranos, y por el gremio de los surfistas, que en aquel año se contaban con los dedos de una mano sus practicantes, eran pocos y disponían de mas días para surfear, e incluso en aquellos tiempos, pescadores y surfistas compartían la playa de Patos sin problemas de espacio. Con el paso de los años disminuyeron los días de olas, aumentando de tal forma el número de practicantes de surf, que ya se hizo imposible la práctica de la pesca deportiva.

     Pero retrotrayéndonos a aquel año, recuerdo que la tarde del día 31 de Octubre, dando un paseo por Samil, fui testigo de algo que me encendió la chispa para que al día siguiente madrugara, acercándome hasta allí para hacer una pescata memorable: Un veterano pescador ya jubilado, daba rienda suelta a su afición pescando en la parte mas oriental de la playa, lo hacía a fondo con bicho, el mar se prestaba a ello, pues revolvía con su fuerza todo el fondo del playal, sacando toda clase de bichería de sus escondrijos, dándose las lubinas un festín como pude comprobar por las picadas casi continuas que tenía el citado pescador. El hombre no era muy hábil, pero aún así y todo, había conseguido siete lubinas en un par de horas pescando, lubinas de un tamaño similar a las que yo llevaba un tiempo pescando: Primero en Sayanes, luego en Patos, llevando una semana con la pista perdida al pescado, estaba claro que se habían asentado en aquella zona, y como al día siguiente era festivo tocaba madrugar.

     Al día siguiente cuando llegué aún era noche, pero pronto empezó la primera claridad del día, la playa estaba desierta, imponía tal magnitud con un silencio solo roto por el estruendo de las olas. Como ya había salido de casa completamente pertrechado para la ocasión, en un “plis plas” ya estaba “vareando” con mi Toby de 25 gramos, que lanzaba con toda mi potencia, dejándola llegar al fondo de arena, para arrastrarla al principio para revolverlo, simulando la salida de un bolo enterrado, cuando el señuelo salía disparado con su nadar sinuoso era atacado de inmediato por la voracidad del cardumen de lubinas. Estaban esperando el nacimiento del día para comenzar una vorágine por su instinto salvaje, picaban rabiosas, con furia, desde un principio no me daban tregua, fui introduciendo lubinas en la red una detrás de otra, cuando complete la saca fui a vaciarla a la bandeja del coche dándome toda la prisa que podía, no había testigos, mejor. Cuando volví ya no sentí picada alguna donde minutos antes parecía tenerlas todas haciendo cola. La marea estaba bajando, era normal que el pescado se moviera, me desplacé unos doscientos metros a mi izquierda, con la esperanza de que el mar me permitiera cruzar a una gran piedra, que con la marea baja quedaba unida a la playa por una especie de tómbolo de arena, tuve suerte, con las botas de goma conseguí acceder a ella. Primero “vareè” por el frente de la piedra y a su izquierda, y no sintiendo picada alguna, acabé desplazándome a la derecha y empecé a lanzar en el sentido de las crestas de las olas, en paralelo a estas, y ahí sí, empecé de nuevo a clavar una detrás de otra hasta completar de nuevo la saca de red. A esa altura de la mañana ya empezaban a llegar los primeros visitantes a la playa, como el pescado comenzaba a picar de una forma mas espaciada, y el cansancio hacía mella en mí, opté por recoger y trasladarme con el pescado al coche para no alarmar.

     Como aún era temprano, me trasladé a la playa de Los Olmos, hacía el interior de la ría. No había un alma, el mar pintaba bien  y me tentó, bajé a hacer una pequeña prueba por si acaso y vaya si resultó. Empecé a varear desde una piedra a la que se podía acceder por la altura de la marea, que ya bajaba con fuerza, lanzaba por todo el frente, el mar de fondo daba una tonalidad obscura al agua ayudando al camuflaje del “rapala”, opción que consideré por el calado que allí había. No me equivoqué, una caw down, especial de once centímetros con la barriga naranja, ya me había dado muy buen resultado en zonas de calado y aguas tomadas. En el primer lance ya tuve una picada que no tenia nada que ver con las anteriores, el animal tiraba con fuerza y me obligó después de clavarlo a soltar el freno para trabajarlo con comodidad y esmero. Como el frente estaba libre de obstáculos, la dejaba correr de derecha a izquierda y viceversa, hasta que el animal perdía fuelle, no era un “robalo”, pero triplicaba en peso a las de primera hora, conseguí hacerme con cinco piezas que casi llegaban a los diez quilos, aquel día volví a señalar tres piezas más por la tarde, y en días posteriores seguí pescando en aquella zona y en Samil, pero ya en menos cantidad, hasta que a mediados de Noviembre se acabó el “chollo”. Primero por que disminuía el número de capturas, y después porque alguien se encargó de correr la voz y al final había más pescadores que lubinas.

     Yo tuve la inmensa fortuna de aprovechar los mejores días, y al final agradecí que el pescado se fuera de allí, pues acabé completamente saturado ya sin ganas de pescar por una temporada.    

domingo, 27 de enero de 2013

CONVENIENCIA INSOLIDARIA


     El Partido Popular está convirtiendo la crisis en la gran coartada para destruir las reformas que trajo consigo el Estado del Bienestar. Convierten las cuentas públicas en un  gran regalo fiscal para sus amigos delincuentes (esos que no tienen pintas de chorizos y que nunca van a prisión, a pesar que un solo robo de ellos supone más de mil de los que están allí alojados). Paradojicamente se cobra más a los trabajadores de la nómina y se perdonan las deudas a los defraudadores.

     Esta derecha predica que hay que privatizar lo público, que las subvenciones son injustas y que los impuestos elevados a los ricos no incrementan la riqueza del país. Si privatizan lo público es con el ánimo de favorecer a sus simpatizantes y empeorar las condiciones de los trabajadores, mediante el expolio de sus sueldos para aumentar su cuenta de beneficios. Las subvenciones son injustas porque se conceden a los mejor relacionados y no a los que más lo necesitan. Los impuestos dicen que son elevados, pero siempre quieren lo mejor y no escatiman gastos en lujos innecesarios. Demandas imprescindibles y además justas, las convierten por conveniencia insolidaria, en un complot de los perdedores contra ellos, que se consideran a si mismos ganadores y merecedores de su fortuna, renegando de sus semejantes más necesitados.

Relatos de un pescador afortunado: AL TRASLUZ


                                           AL TRASLUZ EN LA PLAYA DE ABRA
                                                               19-10-1994                                                                                                                                                          

     En aquel mismo mes de octubre unos días antes, había vivido una experiencia que ya relaté en Vorágine en Saians. Continué pescando con asiduidad, aprovechaba los días libres que por trabajar en festivo me correspondían dedicándolos a mi afición favorita. Pero ya no era igual, conseguía como mucho, media docena de piezas; y los días en que el mar se serenaba, no señalaba pescado alguno.

    Esa mañana transcurridas dos semanas desde las 23 robalizas de Saians, el mar estaba crecido. Las olas que formaba el mar de fondo se levantaban adquiriendo una altura suficiente para apreciar al trasluz la figura de lo que parecían múgeles (lisas), que nadaban en paralelo a estas. Me llamó la atención la gran cantidad de peces que se adivinaban con ayuda de la luz del sol a través de las olas. Eran ya cerca de las once de la mañana y me encontraba en la playa de Patos en Nigrán. Venía de Monteferro donde no había señalado pescado alguno, por lo que decidí parar en la playa al ver un mar especialmente atractivo para la pesca. Las olas grandes pero no en exceso, rompían monotonamente acompasadas. El mar de fondo removía pequeñas piedras que resonaban en medio del estruendo de las olas, que al romper sobre la playa revolvían el fondo arenoso enturbiando las aguas que parecían hervir. Un manto blanco de agua muy oxigenada se extendía con profusión a lo largo de toda la playa; a lo ancho tenía un recorrido de hasta cincuenta metros. El vadeador de neopreno me permitía avanzar hasta el centro de la franja, el agua por veces me llegaba hasta la cintura. El ruido acompasado, una especie de ronquido burbujeante, te relajaba y desconectaba de toda cosa que no fuera la acción de pesca.

     Con la caña en alto y armado con una cucharilla Toby de 25 gramos, que relucía con el reflejo de los rayos del sol, me dispuse a lanzar por detrás de donde las olas empezaban a levantar. Cuando estas llegaban a su plenitud me costaba sobrepasarlas, por eso esperaba a su desplome para lanzar y así aprovechar que el arranque de la cucharilla coincidiera con el arranque de la siguiente ola. Las siluetas de lo que yo creía múgeles (lisas), se dejaban ver al trasluz.

     Lanzaba con toda la potencia que podía y esperaba que el señuelo llegara al fondo, pues al ser arenoso no había peligro de enganche. Esperaba al arranque y levante de la ola para recoger. Lo hacía con rapidez, saliendo la cucharilla disparada del fondo entre la arena, simulando la huida  de un bolo (lanzón), pez de sinuosa figura que pasa la mayoría del tiempo enterrado, y que, cuando el mar rompe en la arena, lo obliga a salir culebreando, siendo un manjar exquisito para las lubinas. Cuando la cucharilla se encontraba en medio de la ola, donde nadaban en paralelo a la costa lo que yo pensaba que eran mújeles, sentí la primera picada. Por supuesto no era un mújel, ya que estos no atacan señuelos artificiales y menos en movimiento, no por que sean más listos que las lubinas, sino por su incapacidad para tragarlos. Efectivamente era una hermosa lubina de casi un kilo, una lubina de ración como decimos entre nosotros. Luchaba haciéndome frente con bravura, intentando zafarse del anzuelo que había mordido, pero pronto acabó por entregarse. Gracias a una bolsa de red que llevaba colgada a mi espalda, pude ir acumulando una detrás de otra, hasta que fueron espaciándose las picadas y sus figuras iban desapareciendo del nervio central de las olas, era gratificante pescar de aquella manera, sentir el frescor del agua rodeándote y salpicándote, la presión del agua abrazándote las piernas. Pero lo que más a gusto me hacía estar, era el ronquido ronroneante acompasado del agua, que al explayarse burbujeaba hasta la orilla. Además el paisaje en un día tan claro era espectacular, a mi izquierda Monteferro, rodeado de bajos de piedra donde el mar centelleaba, de frente el espectáculo de las olas dejando ver a su través las Islas Cies y la costa del Morrazo, a mi derecha la Playa de Patos, que se extendía hacia el interior de la ría, a mi espalda la playa de arena finísima y más arriba los montes de Sayanes, formados por frondosos pinares. No se podía pedir más, era como estar en el paraíso, tanta belleza junta parecía dañar la vista.

     Pasadas ya las doce, el pescado dejó de dar señales de vida, poco a poco fue apagándose la actividad, ni se sentían ni se dejaban ver al trasluz. Comprendí que era el momento de dejarlo, me sentía satisfecho pero cansado. Me retiré con la red casi completa de lubinas, llevaba una decena de piezas y la satisfacción de vivir un momento único, casi mágico ¡Que más se podía pedir, continuaba siendo un pescador afortunado! 







sábado, 26 de enero de 2013

SI, TAMBIEN SOY UN ANTISISTEMA

     Si, yo también soy un antisistema a pesar que para el sistema soy un ciudadano modélico, tan perfectamente integrado que paso completamente desapercibido. Para el sistema no soy más que un número de los muchos millones que controla: no consto como conflictivo ni alborotador, no tengo antecedentes penales de ningún tipo, no debo ni me deben dinero, pago los impuestos que el sistema me obliga, nunca he hecho uso de la justicia, lo imprescindible y mínimo de la sanidad y nunca jamás he recibido ayudas o subvenciones del Estado, tampoco he pedido crédito alguno a la banca. Gracias a mi sentido de la responsabilidad, a la suerte y a mi esfuerzo personal cuido de mi mismo procurando no ser una carga para los demás.

     A pesar de que a mí personalmente no me va del todo mal, me siento solidario con los demás y  me cabrean los abusos de los ricos y poderosos, me indigna la hipocresía, mentira y falsedad de instituciones como el Gobierno, la Banca y la Iglesia, y lo que es peor, el abandono de la Justicia para con los más pobres y necesitados, que confiados en lo que ellos creían buenas intenciones y en el amparo del Gobierno, se ven ahora abandonados a su suerte en manos de banqueros y financieros sin escrúpulos que los engañan y estafan, y de una Iglesia que predica mansedumbre y resignación.

      Partidos políticos de izquierdas y sindicatos han sufrido una metamorfosis, han combertido la lucha común y el interés único de la clase trabajadora en una lucha intestina por el interés partidario, rompiendo en mil pedazos la unión de una clase social que ahora se ve al pairo, mientras las instituciones políticas y sindicales se han fundido en un sistema que solo funciona para una minoría muy poderosa e insolidaria.

      Esto lleva camino de ser como la ley de la selva, donde cada uno se buscará la vida como pueda; la ignorancia, la insolidaridad, el egoísmo y la hipocresia social nos lleva cara al abismo. El sistema está caduco y agonizante, yo reniego de este sistema... si yo también soy un antisistema.

viernes, 25 de enero de 2013

Relatos de un pescador VORÁGINE EN SAIANS


VORAGINE EN SAIANS
12-10-1994
 
    Aquel mes de Octubre disponía de una semana de vacaciones, y ese día madrugué con la esperanza de pescar alguna lubina. Aún era noche cuando llegué a Bayona, me encaminé por la carretera de la costa que lleva hasta La Guardia, el mar rompía con violencia contra las rocas, no estaba mal pero su estado limitaba las opciones de pesca, así que me dirigí hacia la ensenada situada a la derecha de Punta Centinela, pues era la opción más razonable junto a dos pequeñas ensenadas de Santa Maria de Oya. Empezaba a amanecer cuando llegué a la primera postura, el mar trabajaba un punto por encima del ideal pero tomando precauciones se podía intentar. Bajé el pequeño acantilado que me abrigaba del sur, aun que aquel día el tiempo era estable y soleado, fui allí porque el mar perdía parte de su fuerza y me ofrecía una cierta seguridad. Trabajé la zona con diversos señuelos, pero no señalé pescado alguno, así que continué con la visita a Santa Maria de Oya, y lo único que tenía después de dos horas era un completo y desolador capote y opté por dejarlo.

   Cuando venía de regreso con la intención de volver para casa, observé desde la antigua carretera del tranvía a la altura de Saians, como el mar trabajaba de una forma interesante, así que decidí bajar hasta la playa más que nada por matar el tiempo, no tenía nada mejor que hacer. Efectivamente cuando llegué las condiciones no eran malas: la playa estaba limpia de algas, la marea llevaba bajando cuatro horas, el mar rompía resonando con fuerza y el agua tenía una cierta turbidez . Pero lo que mas me llamó la atención, fue que en el centro de la playa se formaba un gran remolino que revolvía el fondo arenoso, recordándome experiencias pasadas en la Costa da Vela (Donón), donde en el mes de Agosto de ese mismo año en un remolino similar, había tenido un día inolvidable con la pesca de 17 lubinas. Así que me dispuse a probar, aprovechando la oportunidad para experimentar con un tipo de cucharilla que hasta ahí nunca había utilizado, y que me había recomendado el dueño de la armería Atlántica, Tonino para los amigos también pescador y mejor persona, me insistió hasta convencerme, para que me llevara y probara un tipo de cucharilla que según él era muy pescadora, y que al parecer estaba causando furor en el mediterráneo. Era la Toby de 25 gramos, que en precio casi triplicaba a la Evy de 28 gramos, siendo esta última la mas requerida por su competitivo precio. Le hice caso y me hice con un par de ellas. Así que monté la caña con la cucharilla recomendada y me dispuse a probarla.

   Lancé por encima del remolino, al que sobrepasaba con facilidad, recordando la táctica de Donón, la dejaba llegar al fondo y la arrastraba unos metros al principio, apurándola a continuación para traerla a medias aguas, procuraba arrancar con fuerza al pasar por el centro del remolino, y ya en el primer lance, poco después de sobrepasarlo sentí la primera picada, fuerte y seca pero no muy potente, pero sí lo suficiente para ofrecer cierta resistencia, cuando conseguí arrimarla, observé que no venía sola, un grupo la acompañaba casi hasta la orilla. Tenía conmigo una bolsa hecha con red de pesca, mientras introducía en ella al animal ya pensaba en que probablemente iba a repetir la operación mas de una vez, lancé de nuevo hacia el remolino, al salir de el se repitió la picada, y así una y otra vez hasta ocho veces, piezas todas ellas de entre 600 y 800 gramos de peso, se me hacía tarde y como ya hacia un rato que no sentía picada alguna, decidí irme a casa a comer.

   Después de comer volví ansioso a Saians. El mar estaba subiendo y soplaba una ligera brisa, el remolino prácticamente había desaparecido. Monté la caña y me dispuse a reiniciar la “pescata” de la mañana, pero después de intentarlo numerosas veces a lo largo de la playa, llegué a la conclusión  de que el pescado ya no estaba allí. Había que buscarlo. Primero me desplacé a unas rocas a mi izquierda y después de trabajar esa zona tampoco las encontré, entonces atravesé la playa y las busqué a la derecha donde hay una pequeña ensenada, postura conocida por un monolito de piedra que jalona un pequeño mirador. Me situé sobre una roca, que con mar y la marea alta la resaca moja, aquel día el mar por veces salpicaba, me acomodé en la piedra y comencé a lanzar al frente donde el fondo es arenoso, dejaba llegar la cucharilla hasta el lecho de arena para arrastrarla unos metros hasta que esta subía por inercia, no tardé mucho en sentir la primera picada, era una robaliza similar en tamaño a las de la mañana, volví a lanzar una y otra vez con el mismo resultado, ya había perdido la cuenta de las capturadas, era tal la vorágine que cuando se me soltaba una al arrastrarla, venía otra y atacaba la cucharilla, comían con una avidez desaforada. La mancha de pescado a medida que iba pescando robalizas se venía acercando a tierra. Era espectacular, había cientos, ¡que digo!, miles de robalizas y no exagero, se que cuesta creerlo, pero fue tan cierto como que algún día me tengo que morir. Al lanzar y capturar pescado una y otra vez, el esfuerzo al que estaba sometiendo al carrete era muy grande, y este, que ya estaba algo tocado por el uso, se resintió averiándose; aun que el carrete recogía, cuando la fuerza de una lubina le hacía frente este se atoraba y no iba. No llevaba otro de repuesto, así que continué pescando con el y cuando tenía un pescado clavado, literalmente lo arrastraba levantando la puntera de la caña hacia arriba y atrás, al aflojar, el carrete recogía el sedal que había arrastrado, era agotador, comprendí que así no podía seguir, acabé perdiendo una hora de pesca que era lo que faltaba para el anochecer. Recogí el pescado que tenia ciscado a mí espalda por varios huecos de la roca, 23 piezas en total, que sumaban unos quince quilos, no estaba mal, pena de carrete averiado, seguramente hubiera pasado de las treinta. A partir de esta experiencia procuré siempre, al ir a pescar, llevar conmigo un equipo de repuesto, pues no era cuestión de perder las oportunidades que como cuentagotas la fortuna iba poniendo en tu camino.