Poco a poco, y sin apenas darnos cuenta nos han invadido desde Internet, una gran caterva de creadores de contenido, yutubers, influencers que aparentan ser de una manera pero no... son falsos, se mueven por interés personal y son incapaces de ponerse en el lugar del otro que siempre es el más débil, hablan de democracia, de justicia social y presumen de no tener ideología, pero si pacientemente los escuchas y observas, al final demuestran ser siempre de derechas y además bastante extrema. Si se ponen en el lugar del otro, siempre es en el del poderoso, nunca en el del necesitado, putos hipócritas teatreros que mediante comedia y falsa labia de encantadores de serpientes confunden a la gente. Con su charlatanería de pomposidad equilibrada, por lo bien preparada, cuesta trabajo descubrir su entramado, que suele ser a primera vista bien aceptado, pero por su ego y juicio de valor se les cae la careta de manipuladores de la verdad pues siempre la acomodan para dañar nunca para arreglar.
Además, por si fuera poco todo esto, se sirven del apoyo de la inteligencia artificial IA, increiblemente una gran mayoría de la gente vive engañada y confunde deseos con realidad. Quien soy yo para intentar desengañar a los que viven felices en su confusión. Si no llegaba con la historia tergiversada, ahora disponemos de apóstoles de la comunicación, armados con una herramienta, que hace que la imaginación deje de serlo, y a través de imágenes que valen más que mil palabras, vemos lo que los predicadores quieran que observemos... y tragamos. Por la boca muere el pez y por la vista vemos, creemos y nos convencemos. La parafernalia ya no daba para más, se hacía pesada y monótona en cambio el juego de imágenes es más fácil de procesar, tragamos y volvemos a tragar, la fe mueve montañas y se acaba por creer lo increible, hasta que algunos, muy pocos... cuenta nos damos de semejante entramado.



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