sábado, 14 de septiembre de 2013

Relatos de un pescador afortunado: LA BUENA FAENA

                                                            LA BUENA FAENA
                                                             25 de mayo de 2001

Aquella mañana primaveral de domingo, a priori no tenía planes de pesca, pero a las diez de la mañana dando un paseo fui a comprar la prensa a Canido, e inevitablemente vi el mar, fue verlo y automáticamente me dio una premonición, era el día tal para una buena jornada de pesca, con la marea bajando y con los condicionantes que se daban al ser festivo, me quedaba la alternativa de que si quería visitar una postura no tocada, y agradecida por su enclave agradable donde te puedes relajar y disfrutar con la naturaleza, esa era la llamada por algunos como la del pino, al norte de la península de Monteferro.

      Consulté la tabla de mareas. Sabía que a las once era la hora clave que me daba la posibilidad de acceso, así que hacia allí me encaminé sin prisas disfrutando del paseo, primero con el todo terreno y después caminando por tan paradisíaco lugar. Me sentía bien, relajado y optimista. Me gustaba el sonido del mar; me tenía hipnotizado. Pocas veces sonaba tan acompasado sin estridencias; sonaba como a música celestial. Sólo por el paseo tan relajante que me estaba dando, ya merecía la pena acercarse a tan hermoso lugar. Me sentía rejuvenecer al respirar aquel aire marino mezclado con el aroma de los pinos.

Llegué para cruzar el canal, que con la pleamar convertía en un islote la zona de pesca, justo en el momento para pasar sin peligro. Me dirigí al primer canal a mi derecha, donde lancé con mimo mi rapala “countdown especial” de 11 cm., con sedal del 30. No sentí picada alguna. Después de unos quince minutos insistiendo, estaba claro que el pescado no estaba allí como otras veces. Recogí y me desplacé al lado contrario del “islote” donde hay un ancho y profundo canal que también en ocasiones anteriores, me tenía dado algún pescado.
         
       Ya en el primer lance antes de la entrada al canal, al lado de una piedra, en el frente a la derecha, donde el mar forma una poza donde remansa la fiereza del agua, sentí la primera picada. Era un animal vigoroso, potente. Tiraba como un endemoniado obligándome a apretar el regulador del carrete para acercarlo. Gracias a esto, y con ayuda del empuje del mar que trabajaba de frente, conseguí enfilarlo hasta mi posición. Superaba los dos kilos; una buena pieza que me pareció que no estaba sola, pues cuando la tenía cerca de mi, vi como una sombra oscura la acompañaba. La solté e introduje en la bolsa redera y a continuación volví a “varear” de la misma forma, en paralelo a la piedra en forma de cuchillo de mi derecha, sobrepasando la poza. Empecé a recoger con un acelerón para darle viveza al rapala y al llegar a la altura de la poza, otra picada, esta todavía más potente, no me cogió de sorpresa. El carrete bien regulado y la puntera de la caña amortiguaron el zurriagazo, ayudándome a controlar las embestidas del animal. Este tiraba hacia afuera, sin cabecear para los lados. Luchaba con nobleza, pero pronto se cansó. Obligándolo a enfilar hasta mi posición, lo sujeté con facilidad subiéndolo a una grieta alargada que quedaba a mi espalda. Sin pérdida de tiempo, después de revisar el nudo del sedal, volví a lanzar y de nuevo sentí otra picada fortísima que tiraba también hacia afuera. Como tampoco cabeceaba para ninguno de los lados, no me resultó difícil su control, sacándolo sin mayor novedad. Insistí de nuevo después de rehacer  el nudo del rapala por precaución pero ya no volví a sentir ninguna otra picada.

       La hora de ir a comer se me echaba encima. Recogí el pescado tres piezas de 2’2, 3’2  y 1’7 Kg., en total 7 Kg. Recuerdo que cuando llegué a casa y quise quitar la foto de rigor, la cámara tenía la película terminada y tuve que llamar a mi vecino José para que la sacara. Este,  también pescador, al que yo le había enseñado la técnica del “vareo” -por cierto alumno aventajado- le confesé el lugar donde las cogiera y después de comer salió disparado hasta allí donde clavó un róbalo de más de tres kilos. No me gustó lo que hizo, pero yo lo achaqué a la ansiedad y falta de madurez de un chaval al que yo aprecio sinceramente. Esa tarde después de comer mi intención era como es lógico volver para rematar la faena de la mañana yo sabía que el pescado estaba allí, porque yo lo había buscado, nadie más se había esforzado en buscarlo, y es una faena muy fea pisarle a uno la postura de esa manera. Se que lo entendió pues ya no se repitió más el caso. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

ENTRE QUE VOY Y VENGO POR EL CAMINO ME ENTRETENGO, II


    5 Entre que voy y vengo por el camino me entretengo.  Este es un país de dicotomías: solo existe, P.P.o P.S.O.E., solo existe Barça o Real Madrid, solo existe blanco o negro, y así nos va, o estás conmigo o estás contra mí, los demás no cuentan y si cuentan es muy poquito y siempre para un provecho sacar.

    6 Entre que voy y vengo por el camino me entretengo. Entre P.P. y P.S.O.E. existe un pacto tácito, yo cuido de la finca una o dos legislaturas y después la cuidas tú, en medio un poco de teatro para que no se note demasiado. El poder y el dinero es nuestro estandarte y siempre nos quedaremos con la mejor parte.

    7 Entre que voy y vengo por el camino me entretengo. Poder y dinero se complementan y retroalimentan, la gentuza que viene ejerciendo el poder lo hace por interés económico y prebendas personales, tales como enchufes para amigos y familiares. Nepotismo puro y duro para asegurarse el futuro de lo suyo y de los suyos, los demás a joderse.

    8 Entre que voy y vengo por el camino me entretengo. Los suyos son aparte de familiares y amigos, los palmeros y colaboradores necesáreos para mantener el tinglado, a los que incentivan mediante corruptelas que no son precisamente vagatelas. La infección se extiende hasta que la corrupción corroe loas cimientos del bienestar del pueblo trabajador que sin reacción se hunde en un profundo sopor.

    9 Entre que voy y vengo por el camino me entretengo. Antes de todo esto siempre luchábamos por lo nuestro. Entiendo que la traición ha causado desazón, nos dan por todos lados y nos quedamos parados, desactivados y en un lamentable estado. O espabilamos o nos van a seguir dando más palo.

martes, 3 de septiembre de 2013

EL PEÑÓN DEL CABRÓN


     La soberanía del Peñón y el Peñón en sí con sus habitantes de la conveniencia me importan una mierda. Lo que si debe de importar son las actividades delictivas que se desarrollan a su sombra y las de competencia desleal, que consisten en fraude fiscal, blanqueo de capitales y el contrabando en general, sin contar el más que posible contrabando de armas y trapicheo de drogas.

     El Peñón como ente territorial en sí no tiene más importancia que la que le queramos dar, en mi caso ninguna, lo que si nos tiene que importar es que sirva de nido de delincuencia, pues la delincuencia no tiene fronteras. Españoles muy españoles, de derechas de toda la vida se sirven hipocritamente del Peñón para ganar un pastón con un comportamiento cínico y cabrón.

sábado, 17 de agosto de 2013

PALMEROS Y TROYANOS


     Aplaudieron y jalearon con rabia mezclada de un odio feroz, les dio igual que su líder, el del fin de la cita, no diera ninguna explicación razonada ni razonable, amagó pero nunca dio en el clavo, se perdió en circunloquios magistrales para encender con ánimos y bríos renovados a la tropa de palmeros que ampararon el tratamiento de imbecilidad urgente, a la vista de la gente que estaba de él pendiente. 

     Rajoy está tocado y en pleno proceso de hundimiento, pero desesperado se agarra a un clavo ardiendo, es mucho lo que está en juego, todo se agravará  y será el centro de atención durante mucho tiempo. Rajoy a conseguido esquivar la catástrofe inmediata y está satisfecho de una pírrica victoria en la que solo creen sus diputados, su prensa afín y una parte de sus votantes. No consiguió convencer al resto de españoles de que no oculta una gran trampa de la que él es ahora el gran responsable.

     Mientras tanto él y sus palmeros se dedican, cual caballo de Troya, a volar los cimientos estructurales del Estado de derecho y democrático. Al final de esta catarsis solo ellos y sus mecenas encontrarán algo que merezca la pena.

viernes, 9 de agosto de 2013

Relatos de un pescador afortunado: INSTINTO ATÁVICO


INSTINTO ATÁVICO
MAYO 1998

           El día que el mar me hablo escuché un sonido procedente de la playa, distinto a todos los sonidos emitidos por esa misma playa en las numerosas visitas anteriores. Lleno de curiosidad a la orilla me acerqué, el mar se expandía por el arenal con una cadencia armoniosa y sonora, el burbujeo de las olas al romper arrastraban los guijarros que al desplazarse golpeaban unos contra otros, aquella mezcla de sonidos se transformó en lenguaje que yo interpreté como una llamada. Un instinto ancestral, desde lo más recóndito de mí estirpe de cazador-recolector algo me pedía, más que pedir me obligaba a tomar una determinación que mi instinto recreaba en mí conciencia, improvisadamente me dejé llevar por una intuición que comprometía mi rutina. El libre albedrío anidó en mí llevándome a romper con todo lo programado. Mi imaginación voló y, me encaminé hacia mi destino que parecía un desatino. La razón me decía que no era coherente seguir ese impulso, pero en el fondo de mi corazón una voz me animaba y me invitaba a que por una vez fuera yo mismo, sin corsés que condicionaran mis emociones. Cuando arranqué y me encaminé un halo de libertad se adueñó de todo mí ser. Una especie de desazón y conmoción me agitaba por dentro, parecía un niño a punto de hacer una trastada, pero era un adulto consciente, emocionado y sorprendido por mi arrebato. Me alejaba de mis obligaciones a medida que me acercaba a mi obsesivo devaneo.

       Al aproximarme a mi destino, la expectación iba en aumento y mi corazón latía con más fuerza. Al llegar al lugar de mi sueño me estremecí, el mar también me hablo allí, con toda claridad y sonoridad mis ojos y oídos enfervorizaron el resto de mis sentidos. Alucinado me quedé al ver aquel esplendor majestuoso lleno de contrastes rítmicos, químicos y armoniosos: “Aparezco, parezco, crezco, me agito, me sereno, me enfurezco, me rompo, sueno, resueno, exploto, me abro, me cierro, vuelo, me elevo grandioso y  me estrello majestuoso, doy, quito, enseño, oculto, a veces muero pero resucito. Tienes que leerme, tienes que entenderme  y al verlo saberlo para poder hacerlo”. 

        Lo escuche, lo vi, lo entendí y supe lo que tenía que hacer. El mar me habló claramente y yo fui consecuente; mi brazo derecho asió el apéndice que hasta él a través del aire mi sueño empujaría. Lanzaba una y otra vez con fuerza y precisión, tanteaba la superficie arremolinada en busca de mi convicción, al final de aquel estruendo encontré la armonía de una corriente burbujeante donde sentí lo que con tanta ansia buscaba. El tirón fue seco y brutal, la caña amortiguó aquella arrancada espectacular de aquel animal salvaje e indomable, mi brazo derecho recogió la salvaje tensión que se transmitió de inmediato hasta lo más recóndito de mi ser, un escalofrío de emoción recorrió todo mi cuerpo, entré en tensión y mi conciencia se concentró, ya estaba en otra dimensión. Soy yo en mi más puro instinto ancestral, viajo en el tiempo y mi atávico instinto depredador surge de lo más hondo de mi espíritu. -“Soy un guerrero, soy un luchador, tengo que sobrevivir y transmitir todo mi poder”-. La adrenalina afloró por todos los poros de mi piel, la experiencia se repitió, de nuevo la adrenalina reventó una y otra vez y el éxtasis fue una catarsis total y absoluta… Cuando todo terminó ya no me sentía igual, caminaba en una nube y mi autoestima fue proporcional a la sensación de ser el Rey del Universo.
     
        Casi dos horas después, con mis doce piezas (casi treinta quilos), bajé de la nube de gloria en la que me sumí, cuando aquella experiencia acabó, recogí y me fui despacio paladeando y saboreando en mí intimidad aquel momento.
     
         Aconteció en una mañana cualquiera, la monotonía no hacía suponer lo que aquel día supondría en el contexto de otros muchos. Desde aquel acontecimiento ya nada fue igual, nunca más me sucedió nada comparable. Yo, ingenuo de mí, esperaba una reversión de aquel hecho tan trascendente por lo que para mí había supuesto. El tiempo inexorable pasaba, la oportunidad no se reproducía. La naturaleza tan previsible con sus ciclos y estaciones la espalda me daba y el prodigio se volvió irrepetible. El paso de más de una década de continua alerta se hacía frustrante. Reivindicaba una oportunidad que nunca se presentaba. Tardé en comprender que en las excepciones estaba la regla, y que algunos acontecimientos naturales, por imprevisibles eran excepcionales, únicos e irrecuperables.


sábado, 3 de agosto de 2013

RAJOY EL PRESUNTO, TIENE PROFESIÓN


       Si el tener mucho dinero para ellos es muy importante, más importante es el poder que les da ese prurito que los hace levitar de vanidad. Entre los de la alta alcurnia hay dos tipos de competición; están los que acumulan el dinero por el afán de tener más que lo que puedan acumular los de su círculo, en una especie de competición, y los que necesitan del poder para sentirse reconocidos y satisfacer sus ansias de notoriedad. Como el poder y el dinero se complementan y retroalimentan, los que disponen del poder y los inmensamente ricos, aunque se odien y desconfíen unos de los otros, unen sus fuerzas e intereses para joder a la gente corriente.

     Nosotros los trabajadores somos el engranaje de la maquinaria que pone en marcha la economía, y sobre nuestras cabezas recaen las consecuencias, algunas veces para bien y en la mayoría de los casos para mal, de las decisiones que tomas nuestros dirigentes que aparte de ser incompetentes e insolidarios son además delincuentes, como presuntamente lo son Rajoy y la camarilla que le acompaña.

     -Ni a mí ni a mi partido se nos podrá atribuir ningúna actividad ilícita-.(fin de la cita). Rajoy yo no se si Vd. a delinquido, pero desconfío y mucho de que sí, y el problema no es el que yo desconfíe, el problema es que la inmensa mayoría también desconfía y no le creen, es más aseguran que miente a sabiendas, de que lo hace para salvar su pellejo. Está en juego dentro del pellejo su honor, que en este caso no es para Vd. lo más importante, sino el asegurarse una vida narcisista, llena de poder, fama y reconocimiento, con el añadido de la pasta gansa que ganará, si nada se tuerce, el resto de su vida sin dar un palo al agua, ya que no se va a reconocer culpable porque tiene profesión. ¿Los demás que tenemos? ¡un melón!

jueves, 1 de agosto de 2013

PRÍNCIPES, EMINENCIAS Y EXCELENCIAS REVERENDÍSIMAS


     A pesar de no ser creyente ni practicante de religión alguna, pienso que la mayoría de las personas creyentes, equivocadas o no son buena gente, pero como en toda organización de este tipo a los que ejercen el poder se les nubla la mente y a los seguidores la tradición les condiciona el subconsciente . Hay que ser muy fuerte y tener unas convicciones  muy claras y bien arraigadas para abrirse paso entre tanto adoctrinamiento hipócrita y falsario. Lo esencial es la trasparencia y la honradez a través de un exquisito trato de respeto para todos y cada uno de nosotros, seamos creyentes o no.

      Lo que no se puede es imponer nada mediante la presión, amenaza y condena, hay que convencer mediante el ejemplo y no mediante actos de fe. Francisco tiene buena intención e intenta coger camino, pero le falta valor y yo lo entiendo. Cardenales, Arzobispos, Obispos, Vicarios y Preceptores Apostólicos son jerarcas que se hacen llamar a sí mismos Príncipes de la Iglesia, Eminencias y Excelencias Reverendísimas con derecho a honores de armas, himno nacional, según el caso, y desfile militar cual Capitán General. Ante esta parafernalia militarista y de gran boato ornamental, verbal y protocolario, uno por veces se acojona y abandona, este discurso asusta y más se  parece a una casa de terror que a la casa del amor que predicó Jesús el hijo de Dios. El dijo lo que dijo, y todos sabemos que El nunca se juntaría con semejante jauría y condenaría tanta falsaria hipocresía.