Un hombre vulgar busca distracción constantemente y uno inteligente busca tranquilidad. El primero presume de no aburrirse y de vivir el doble en el mismo tiempo que el tranquilo, este que sí parece resultar aburrido por estar concentrado en si mismo, deja pasar el tiempo en labores cotidianas, repetitivas que no le permiten conocer nuevos lugares, personas y perdiendo la oportunidad de encontrar nuevas experiencias con la que distraerse vive en un mundo paralelo, que para él es más expléndido, ya que desde el puede atender, sin agobios, las cosas interesantes que se le ofrecen: pensar y desarrollar una idea para luego plasmarla en papel.
Entre lance y lance es un contraste, pretende dar rienda suelta a mi indignación por los acontecimientos políticos del día a día de una crisis interminable, combinándola con una serie de relatos auténticos y personales sobre pesca, que ayudarán a amortiguar la furia por unos acontecimientos injustos y demoledores. Al mismo tiempo espero que me sirvan como terapia y desahogo.
sábado, 3 de octubre de 2026
VULGARIDAD E INEXPERIENCIA
Escribir tus experiencias vividas sacando las correspondientes conclusiones, no es escribir un diario, es desarrollar la fe del carbonero que siempre es la conclusión a la que yo llego, yo creo en lo que tú crees y tú crees en lo que yo creo, y si no es así, otra historia no me hará mas feliz.
Quien distorsiona la realidad sin llegar a mentir pero si ha engañar con silencios pretenciosos, con tal habilidad demuestra su maldad, aunque esta sea estúpidamente vulgar o ideológica, y todo por querer parecer lo que uno no es.
No eres lo que quieres ser porque no sabes ni lo que eres, así de sencillo es regirse por la ley del rodillo. No hay ley que valga si es extraparlamentaria, por eso en el parlamento necesitamos gentes de mente abierta y no bultos colocados para cubrir expedientes que es lo que quieren cobardes y dementes. Es demencial que gente vulgar sin vocación de servicio ocupen puestos para los que no están dispuestos, la responsabilidad tiene que ser tal que no ha lugar a la vulgaridad y a la inexperiencia de una serie de almas dando pena. Como sociedad no nos podemos permitir no salir al paso de semejantes bodrios representativos de la decadencia, que nos llevan a la destrucción con semejante virulencia, llena de vulgaridad por falta de ponerle ganas y no solo por inexperiencia.
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