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sábado, 1 de septiembre de 2018

Todo es pedal pero no es igual V: ORGULLOSO DE HABERLO CONSEGUIDO



    A mi edad ya no busco la vanidad. La arrogancia y el engreimiento están demás, pero a veces me asombro de algunos logros, que ya jubilado han sido como revulsivos que me han rejuvenecido. No quiero ser presuntuoso pero todo lo que consigo es fruto de mí esfuerzo y sacrificio, no soy el mejor en nada y no pretendo serlo, solo aspiro a estar satisfecho conmigo mismo. 

    Sentado en mi mecedora me relajo y diviso desde la terraza en lontananza la cumbre del Cepudo, un monte que parece estar a tiro de piedra de mi casa, fue un desafío al que ya he vencido, ahora ya no es más que un gratificante paseo del que ya no me apeo, son 12 km. de pedaleo con 500 m. de desnivel que ponen a prueba mi fortaleza y que ya no son para mi ninguna proeza y si una costumbre para mantenerme en forma.

    Si me lo cuentan hace cinco años, cuando aprendí a andar en bici ya con sesenta, la incredulidad sería mi manera de pensar, por eso hay que intentarlo siempre y creer, la fe mueve y conquista montañas. La manera de creer, de creer en mi y en mi fuerza de voluntad me lleva a subir a los sesenta y cuatro al Cepudo y cuando se tercia al Arruidos. Que ya se terció de una tacada sin premio y por nada, sólo por la satisfacción de verme plenamente realizado y orgulloso de haberlo conseguido.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Todo es pedal pero no es igual III: CON DOS COJ...., DOS RIÑONES Y UN GRAN CORAZÓN


     Abro el portal y salgo de mi casa en bici, esto hace unos meses sería un sueño y me resultaría increíble, pero es cierto, y pedaleando voy superando mi primer repecho, es corto pero duro, justo en su mitad se vuelve plenamente exigente, saco piñones y mariconeo, el esfuerzo es corto pero tremendo, las pulsaciones se disparan y mi corazón parece un jamelgo desbocado, cuando llego a la cima pronto me quito el agobio de encima, mi respiración se relaja y recupero el resuello, meto piñones y plato y me voy recuperando a medida que voy bajando. Luego llaneo y llaneo dejando atrás el asfalto, pero en cuanto tengo ocasión busco un nuevo repecho corto y duro que le de acción a mi corazón, el esfuerzo es brutal, intenso pero cabal y la sensación al terminar es sensacional, vuelvo a llanear y llanear y relajado me dejo llevar varios kilómetros sin parar hasta regresar, lo peor y lo mejor está por llegar.
















      La cuesta de vuelta a casa es larga, dura y por momentos brutal, me lo tomo con calma y empiezo a subir a ritmo de vals, bajo plato, y piñones dejo tres para tantear, comienzo el desafío, sentado en el sillín empiezo a jadear, pero aún que es duro el esfuerzo más dura es mi convicción, así que pedaleo y pedaleo con ritmo lento moviendo eslabón a eslabón, mi corazón me pide regulación así que bajo piñón cuando el primer gran repechón hace su aparición, mariconéo lo que puedo y con gran esfuerzo lo venzo, en el falso llano subsiguiente recupero piñón y regulo la respiración, sin tregua ya aparece el siguiente repecho que no es más que un muy duro trecho, bajo piñones y lo subo por mis cojones y a punto de reventar los pulmones, el falso llano que aparece me recupera y me hace seguir en mis trece.

       Comienza el rey de los repechos que me llevará a la meta de mi sueño de veleta. A golpe de pedal voy subiendo lo que me parece un intento criminal, sin levantar la vista me agarro con fuerza al manillar y me obligo a pedalear; subiendo y subiendo voy viendo que lo voy consiguiendo, cojo la última curva y ante mí aparece lo que parece una pared infernal, bajo el último piñón y me dispongo a mandar el penúltimo arreón. Aprieto los dientes y ajusto todos los órganos de mi cuerpo y a golpe de riñón veo que poco a poco subo como un campeón con el corazón a punto de explosión, centímetro a centímetro avanzo hasta coronar la cima completamente exhausto  pero con la satisfacción de derrotar al gran repechón, con mis dos cojones, mis dos riñones y un gran corazón.



jueves, 26 de septiembre de 2013

Todo es pedal pero no es igual II: LIBERACIÓN



     Cuando aprendí  a andar en bici para mí fue como una liberación que me llenó de satisfacción, era una deuda pendiente que tenía conmigo mismo desde la niñez. Ahora que saldé la cuenta, me encuentro con que tengo que recuperar el tiempo disfrutando de la sensación de libertad que el ciclo me da. Ya se de mi limitación, soy consciente de que mi cuerpo está en plena regresión, pero aún así y todo, también se que dentro de mis límites tengo cancha para aprender, progresar y disfrutar, la base esta ahí  y sobre ella cimento esta buena y agradecida afición.

      Al asalto de pistas forestales salgo con mi bici, cuando llaneo o subo un repecho yo la monto y pedaleo, se me resiste en las bajadas descascarilladas y pendientes imposibles, entonces me desmonto y la paseo. La simbiosis es imperfecta pues todavía me peleo con las pedaletas, no aparto una mano del manillar aunque una mosca cojonera martirice mis narices y aún no me levanto del asiento subiendo y a veces siento que reviento. A pesar de todos estos inconvenientes se que mas pronto que tarde quedarán en mi memoria como anécdotas de un proceso de evolución hacia mi nueva devoción.