Seguramente yo no soy quien para juzgar mi forma de ser, hay a quien le caigo bien y también hay a quien le caigo mal. Lo que si creo no ser una persona tóxica ni complicada de trato, siempre trato de ponerme en el lugar de aquel con el que mantengo una relación sea de la índole que sea, creo ser comprensivo, pero lo que no aguanto ni tolero es al que no se esfuerza en entender la realidad de todo aquello que nos rodea, y se conforme con los cuentos de la lechera que escucha uno y otro día en unos medios de comunicación partidistas. La neutralidad y la independencia brillan por su ausencia y esto es insoportable para una persona como yo que tiene una conciencia moral de la que se burla una parte de la sociedad en la que prima la maldad.
Cuando una persona da por cierta una opinión política reflejo de la mentira que escuchó el día anterior al correveidile de turno, en mí produce una tristeza terrible y más si terquea con ella y da por cierto algo manipulado, que si lo piensa es fácil de desmontar. Triste es que llegues a una edad y no seas capaz de discernir que una mentira solapada y una verdad distorsionada son engaños, que predican personas aparentemente respetables, pero que solo tienen la maldad de los miserables.


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