La derecha de este país es tremendamente desleal y buscona, se miran en el espejo y el ruin reflejo les dice como tienen que proceder para recuperar un poder que necesitan para abusar, pues su alma de dictadores no quieren dejar atrás. Yo, ingenuo de mí, no entendí hasta mi madurez el porqué de una guerra civil, empiezo a entender las causas por las que nuestros antepasados se dejaron arrastrar a ella con inusitada violencia
Odio y rencor son emociones negativas que intensifican el dolor, las injusticias sufridas producen arrebatos de ira, que a veces nos hacen perder la calma necesaria para controlar la furia desatada ante tanta componenda, y lo que es peor, ante un contubernio entre periodistas, policías, jueces y políticos, todos unidos por una corrupta afinidad ideológica para hundir las expectativas de sus rivales electorales, a algunos de estos rivales que también son mortales les puede la tentación de la corrupción y caen en ella a modo de tradición.
Esta es tradición que fomentan los grandes empresarios para corromper a sus correligionarios del PP y adversarios del PSOE. El poder de la pasta a todos nos emplasta, aún estoy por conocer aquel que no le guste la pasta gansa, unos disimulan y se conforman con cantidades razonables, pero otros entran a saco y van a por ello si hace falta a degüello. Por todo esto y aquello la corrupción nos asola y se utiliza como arma política desbancando al adversario, para así ser yo el que estafe al erario con la aquiescencia del comisario. Es como el pez que se muerde la cola, no por hambre si no por raigambre.




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