miércoles, 18 de septiembre de 2024

CATALANES

 CATALANES

              En absoluto me convence el independentismo, no me parece procedente ni aquí ni en ningún sitio, por desgracia su mensaje cala en una parte importante de la sociedad. Ya en tiempos de la dictadura franquista, haciendo el servicio militar traté, en un cuartel donde éramos 1500 soldados, con vascos, catalanes, gallegos, extremeños, castellanos, asturianos, valencianos, etc, etc.


        Yo que con 21 años, no conocía todavía mi ideología, notaba en el ambiente que los catalanes, eran españoles de comportamiento raro por decir algo, así como los vascos eran abiertos e integradores, tan pronto tú te unías a su grupo se abrían,  te daban confianza y no te sentías marginado para nada. Cosa que con la mayoría de los catalanes no pasaba, yo que nunca tuve prejuicios con ellos ni con nadie, empecé a verlos, como dicen en mi tierra, "raros de carallo", a su lado te sentías discriminado, llegando incluso, a pesar de estar haciendo grupo con ellos, a hablar delante de mí en catalán y hacérmelo pasar mal, por supuesto que no todos tenían ese comportamiento y algunos, muy pocos, diría yo, eran tan encantadores como los vascos. Esa primera experiencia me marcó y a partir de ahí la desconfianza hacia los catalanes y el mal rollo anidó en mí y en otros muchos que como yo sufrieron este comportamiento.





     Pasado un tiempo la dictadura terminó y una especie de engaño democrático empezó. Le llamaron transición, había dos bandos, por un lado los que  habían sacado provecho de sus privilegios con la dictadura y los demás. Toda las derechas, la extrema y la que se decía de centro más las derechas nacionalistas habían mamado de la dictadura y se habían beneficiado económicamente de aquel régimen que discriminó y explotó a la mayoría de la población durante 40 años, la transición favoreció precisamente  ha aquellos que se presentaron a las elecciones como de centro y derecha. En el otro bando estaban todos los partidos agraviados por el régimen franquista, pero se coló de rondón un tal Felipe González  Márquez que con el tiempo demostró ser "el caballo de Troya" del sistema, engañó al pueblo trabajador y ha los franquistas ayudó para blanquearlos como verdaderos demócratas, cuando nunca lo fueron y aún siguen sin serlo. Los dirigentes se dividen en buena gente inteligente y en listos que se pasan de listos, de estos últimos es el Felipe, un tío muy listo pero con una forma de proceder asquerosamente hipócrita.


        Los catalanes derechistas y nacionalistas como Puigdemont son ahora el caballo de Troya de la derecha, y si por ahora se contienen por conveniencia, por conveniencia en el momento que consideren oportuno se aliarán, como hicieron en el pasado, con los que fueron sus aliados de derechas y extrema derecha.


       Estos catalanes me recuerdan a los de la mili, gentes raras, interesadas, desconfiadas y mal encaradas, que aún que te esfuerces en socializar con ellos, solo conseguirás aumentar su desprecio. Por suerte una parte importante  de ellos son gente amable y afín con ideas progresistas e integradoras para nada integristas como la problemática derecha nacionalista catalana de la que los españoles izquierdistas no podemos esperar nada más que problemas y problemas. Y aún así y a pesar de todo, con toda su problemática son preferibles a la derecha española franquista de toda la vida, que estos sí son de verdad un peligro por el grado de mortalidad y subnormalidad que sus políticas suelen dar.


       Por eso desde el respeto más profundo a las personas que sufren el engaño continuado del poder mediático, he de decir que no todo el mundo es bueno, gente mala es aquella que sabiendo que hacen daño, lo hacen y se quedan tan anchos, el que es consciente de que la calumnia es el arma preferente de aquel que presume de buena gente, y no es consecuente parándole los pies al delincuente (la calumnia es un delito), demuestra ser un imbécil o un ser yaciente.


      En Olot viví una experiencia catalana manifiesta, en una masía campestre en las afueras aparecí junto a mí compañera Esther, que me lió para vivir una aventura globera, estoy hablando de subir en globo a más de 1.000 metros de altura, así de un día para otro y sin digerir,  vamos que a pelo y echándole un par de huevos.


    
                El globero, o sea el conductor del globo por supuesto era catalán, con  su seny incluido, pusimos nuestras vidas en sus manos pero diciendo la verdad, volando en globo disfrutamos, el espectáculo de ver aquella antigua tierra volcánica desde semejante altura fue una hermosura, el catalán sabía lo que hacía y el viaje terminó con un suave aterrizaje, no sentí miedo ni preocupación en ningún instante, más tarde miedo me dió saber que era nacionalista y de Junts. Los "aeronautas" fuimos invitados a una distendida charla comiendo butifarra, donde el nacionalismo salió a relucir e incluso se llegó a discutir. Yo que para la discusión política soy medio cabroncete, alabé al Rufián con objeto de saber cómo respiraba el globero catalán, una mueca despectiva me aclaró que de la izquierda republicana no era, el España nos roba lo trasformé en Pujol robó e ipso facto cortó y acabó la conversación, retirando la butifarra y todos de vuelta para casa.


                   Estás, entre otras, fueron mis experiencias catalanas que más marcaron mi decepción por un pueblo seguramente muy meritorio pero falto de ideas pues las que tienen parecen de laboratorio, sin alma y con mucho abalorio.
     
     







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