CATALANES
En absoluto me convence el independentismo, no me
parece procedente ni aquí ni en ningún sitio, por desgracia su mensaje cala en
una parte importante de la sociedad. Ya en tiempos de la dictadura franquista,
haciendo el servicio militar traté, en un cuartel donde éramos 1500 soldados,
con vascos, catalanes, gallegos, extremeños, castellanos, asturianos,
valencianos, etc, etc.
Yo que con 21 años, no conocía
todavía mi ideología, notaba en el ambiente que los catalanes, eran españoles
de comportamiento raro por decir algo, así como los vascos eran abiertos e
integradores, tan pronto tú te unías a su grupo se abrían, te daban
confianza y no te sentías marginado para nada. Cosa que con la mayoría de los
catalanes no pasaba, yo que nunca tuve prejuicios con ellos ni con nadie,
empecé a verlos, como dicen en mi tierra, "raros de carallo", a su
lado te sentías discriminado, llegando incluso, a pesar de estar haciendo grupo
con ellos, a hablar delante de mí en catalán y hacérmelo pasar mal, por supuesto
que no todos tenían ese comportamiento y algunos, muy pocos, diría yo, eran tan
encantadores como los vascos. Esa primera experiencia me marcó y a partir de
ahí la desconfianza hacia los catalanes y el mal rollo anidó en mí y en otros
muchos que como yo sufrieron este comportamiento.
Pasado un tiempo la dictadura terminó y una especie de
engaño democrático empezó. Le llamaron transición, había dos bandos, por un
lado los que habían sacado provecho de sus privilegios con la dictadura y los demás. Toda las derechas, la extrema y la que se decía de centro más las derechas
nacionalistas habían mamado de la dictadura y se habían beneficiado
económicamente de aquel régimen que discriminó y explotó a la mayoría de la
población durante 40 años, la transición favoreció precisamente ha aquellos que se
presentaron a las elecciones como de centro y derecha. En el otro bando estaban todos los partidos
agraviados por el régimen franquista, pero se coló de rondón un tal Felipe
González Márquez que con el tiempo demostró ser "el caballo de
Troya" del sistema, engañó al pueblo trabajador y ha los franquistas ayudó
para blanquearlos como verdaderos demócratas, cuando nunca lo fueron y aún
siguen sin serlo. Los dirigentes se dividen en buena gente
inteligente y en listos que se pasan de listos, de estos últimos es el Felipe,
un tío muy listo pero con una forma de proceder asquerosamente hipócrita.
Los catalanes derechistas y
nacionalistas como Puigdemont son ahora el caballo de Troya de la derecha, y si
por ahora se contienen por conveniencia, por conveniencia en el momento que
consideren oportuno se aliarán, como hicieron en el pasado, con los que fueron
sus aliados de derechas y extrema derecha.
Estos catalanes me recuerdan a los de la
mili, gentes raras, interesadas, desconfiadas y mal encaradas, que aún que te
esfuerces en socializar con ellos, solo conseguirás aumentar su desprecio. Por
suerte una parte importante de ellos son gente amable y afín con ideas progresistas e
integradoras para nada integristas como la problemática derecha nacionalista
catalana de la que los españoles izquierdistas no podemos esperar nada más que
problemas y problemas. Y aún así y a pesar de todo, con toda su problemática
son preferibles a la derecha española franquista de toda la vida, que estos sí
son de verdad un peligro por el grado de mortalidad y subnormalidad que sus
políticas suelen dar.
Por eso desde el respeto más profundo a
las personas que sufren el engaño continuado del poder mediático, he de decir
que no todo el mundo es bueno, gente mala es aquella que sabiendo que hacen
daño, lo hacen y se quedan tan anchos, el que es consciente de que la calumnia
es el arma preferente de aquel que presume de buena gente, y no es consecuente
parándole los pies al delincuente (la calumnia es un delito), demuestra ser un
imbécil o un ser yaciente.
En Olot viví una experiencia catalana
manifiesta, en una masía campestre en las afueras aparecí junto a mí compañera
Esther, que me lió para vivir una aventura globera, estoy hablando de subir en
globo a más de 1.000 metros de altura, así de un día para otro y sin
digerir, vamos que a pelo y echándole un par de huevos.
El globero, o sea el conductor del globo por
supuesto era catalán, con su seny incluido, pusimos nuestras vidas en sus
manos pero diciendo la verdad, volando en globo disfrutamos, el espectáculo de
ver aquella antigua tierra volcánica desde semejante altura fue una hermosura,
el catalán sabía lo que hacía y el viaje terminó con un suave aterrizaje, no
sentí miedo ni preocupación en ningún instante, más tarde miedo me dió saber
que era nacionalista y de Junts. Los "aeronautas" fuimos invitados a
una distendida charla comiendo butifarra, donde el nacionalismo salió a relucir
e incluso se llegó a discutir. Yo que para la discusión política soy medio
cabroncete, alabé al Rufián con objeto de saber cómo respiraba el globero
catalán, una mueca despectiva me aclaró que de la izquierda republicana no era,
el España nos roba lo trasformé en Pujol robó e ipso facto cortó y acabó la
conversación, retirando la butifarra y todos de vuelta para casa.
Estás, entre
otras, fueron mis experiencias catalanas que más marcaron mi decepción por un
pueblo seguramente muy meritorio pero falto de ideas pues las que tienen
parecen de laboratorio, sin alma y con mucho abalorio.



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