lunes, 18 de agosto de 2025

EL 66

           En el mes de julio de 1966 tenía 12 años y viví varias anécdotas dignas de contar y que en mi memoria todavía están. La incipiente televisión aun no era un aparato muy común en los hogares españoles, los aparatos de radio dominaban la sobremesa de la clase trabajadora. Como dice hoy la canción, "los bares que lugares de Gabinete Galigari",  imperaban como centros sociales donde poder disfrutar del nuevo invento, las imágenes en blanco y negro nos trasladaban al momento vía satélite lo que acontecía a miles de Km; por ejemplo en Londres donde se celebró el mundial de futbol, el primero que se podía seguir en directo.



           Empezó el 66 con las cuatro bombas atómicas que cayeron en Palomares y por suerte España siguió en el mapa y yo seguí viendo la tv en los bares, los Beatles con Yelow Submarine animaron el cotarro donde con minifaldas y con vaqueros se bailaban sus canciones a raudales.

          En aquel caluroso mes de julio, donde según Radio Nacional de España se batió el récord de temperatura jamás habida y por haber, 48 grados en Córdoba, aún no existía la Aemet. La suerte con las bombas, la decepción con el fútbol, la revolución con los Beatles y el calor consiguió que el 66 fuera un año para no olvidar. Como siempre, ya en aquellos tiempos, el fútbol era todo pasión pero también decepción, España con Iribar; Sanchís, Gallego, Reija; Zoco, Glaría; Amancio, Adelardo, Marcelino, Fusté y Lapetra, no fue capaz de pasar la primera ronda, siendo eliminada por Alemanía, entre la decepción, el calor y cantando el Yelow Submarine se nos fue el verano del 66.


          Ese año que yo recuerdo por la efemérides del mundial, la temperatura bestial y los escarabajos cantando, no me hizo olvidar el 64 por las olimpiadas de Tokio, donde un vigués, Rogelio Rivas Abal participó en eliminatorias de los 100 m. lisos, los recuerdos los marcan las vicisitudes vividas que no se olvidan. No me pregunten por el 65 ni por el 67, pues nada de ellos recuerdo pero seguro que fueron también muy importantes pero nada comparable con el 66 que nos enseñó como encaminar lo que vino después, desde la niñez hasta la vejez. Quizás la mejor y más entretenida época, afortunada por la cantidad y calidad de unas vicisitudes que trajeron prosperidad a pesar de las adversidades con las que tuvimos que lidiar.
 

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