Con 22 años y recién licenciado de mi servicio militar obligatorio en África (Ceuta), me encontré de vuelta a casa, siendo padre y sin trabajo. Corría el año de 1.976 y era difícil encontrar empleo, consultaba a diario los anuncios breves del periódico, pero el único trabajo que encontré con opciones, era el de asesor comercial para la captación de alumnos para una academia (Instituto Barylan) donde se impartían clases de la nueva e incipiente enseñanza programada de Informática.
Después de superar unas pruebas de idoneidad, fui preparado de forma acelerada para adquirir unas nociones básicas de lo que era la informática y lo que podría en un futuro no muy lejano llegar a ser. A partir de ahí me las tuve que componer, sin ningún tipo de experiencia, para asesorar y captar posibles alumnos a cambio de un sueldo mínimo más una comisión por alumno matriculado. Como la necesidad obliga y no tenía otra alternativa me metí de lleno en un trabajo que me dio la oportunidad de socializar y conseguir un rendimiento económico impensable para mí, de aquella un salario de 30.000 de las antiguas pesetas era un muy buen salario y yo lo superaba con creces e incluso algún mes superé las 40.000. Se me daba bien la captación de nuevos alumnos a pesar de mi inexperiencia, y en la delegación de Vigo fuí varios meses el máximo vendedor llegando incluso a ser más de una vez el primero a nivel nacional. El Instituto Barylan tenía más de una decena de delegaciones en toda España siendo yo el asesor comercial más joven e inexperto, pero aun así lo conseguí, creo que más que nada fue por mi dedicación y esfuerzo, pues reconozco que me faltaba formación pero me sobraba interés y tesón. Un año entero trabaje para esta empresa propiedad de un tal Lazaro Issi, un judío amigo del ministro de Educación y Ciencia, Carlos Robles Piquer, un corrupto de la Administración franquista que hizo la vista gorda con el proceder ilegal en la gestión del citado instituto, dejando en la estacada a los alumnos y empleados, entre los que yo me encontraba. Con el tiempo descubrí que a pesar de tener nómina y cartilla de la seguridad social, solo cotizaron por mi dos días de todo el año que trabajé para esa empresa, el estafador se dio a la fuga y nunca más se supo de él.
Con esto quiero decir que a pesar de ser responsable y trabajador, a veces te encontrabas con este tipo de problemas, cosas de la corrupción franquista que algunos, incluso hoy en día, defienden votando a sus herederos voxeros y albiseros. A demasiados de los más jóvenes con mentiras y bulos consiguen engañar y aun que no es una aptitud a disculpar, los jóvenes tienen que indagar para descubrir la verdad y no dejarse llevar por la corriente fascista que acaba de regresar.
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